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Primer capítulo de ‘Un plan muy Dulce’

PromoDulceA la venta el 16 de octubre en todas las plataformas de Amazon.

“Me llamo Dulce. Dulce Estrella de la Anunciación, para no faltar a la verdad. Soy agente inmobiliaria en una agencia de la Costa del Sol, socia de un gimnasio al que nunca voy y madre soltera veintiséis días al mes. Los cuatro días restantes soy simplemente soltera, socia de un gimnasio al que nunca voy y consumidora imbatible de palitos de cangrejo. Soy la flamante ganadora de tres cajas de dos kilos que sorteaba la marca, en uno de esos sorteos que tienes que mandar equis etiquetas de sus productos. Así que, los fines de semana que a Óscar le toca llevarse a Ángel, el hijo de cuatro años que tenemos a medias, es prácticamente lo único que como. Me pongo mi batamanta, me hago un moño, me siento frente a la tele y me pongo morada de palitos de cangrejo. Si mis cálculos no me fallan, tengo suficientes para sobrevivir hasta Semana Santa. Definitivamente, esta ardilla no va a morir de inanición durante el invierno. Tengo el nido bien abastecido. Ni tampoco moriré de frío gracias a mi batamanta, fruto de una oferta del Correfour que fui la primera en conseguir. Llegué antes de que abrieran para no quedarme sin ella. Aunque no solamente me alimento de palitos de cangrejo, últimamente los acompaño de yogures con fibra por cortesía de una oferta Compre dieciocho yogures y llévese un paquete de rollos de papel higiénico”. Así de efectivos se supone que son. Me faltaba una etiqueta de ese papel para conseguir un portarrollos extremadamente mono, de modo que me vino muy bien. Maté dos pájaros de un tiro. La suerte es así, se presenta en el momento y en el lugar menos esperado, sobre todo en los supermercados Tiendasol. Si no estás al tanto, cualquier desalmada te la podría robar y disfrutar de tu merecido destino en tu lugar.

De hecho, eso fue exactamente lo que me pasó con Óscar. Tuve la suerte de que se cruzara en mi camino hace seis años, cuando su agencia y la mía competían por vender un piso en Fuengirola. Nos encontramos cuando él salía de enseñárselo a sus clientes y yo me disponía a entrar para hacerlo con los míos, lo que provocó una poco profesional conversación entre nosotros. Por aquel entonces yo acababa de aterrizar en el mundo inmobiliario proveniente de una recepción de hotel. Tenía veintitrés años, un plato de comida sobre la mesa y una cama en casa de mis padres. Además de un montón de vales de descuento para Aqualand Torremolinos y una recién ganada cesta de Navidad –con paletilla ibérica– que me había tocado en el sorteo del bar donde solía ir a desayunar. Por segundo año consecutivo, me enorgullece recordar. El caso es que estaba surtida de artículos de primera necesidad, la suerte me acompañaba y me podía permitir quedarme sin nómina durante una temporada. No tenía por qué ser educada y aguantar aquel atropello. Continue reading →