Videoconferencias desde Fred: La señora Petersen, su nueva moto y un “viejo conocido”


Videoconferencias

 

—¡Paz! ¡Qué buena cara se te ve! —me saluda Brita feliz desde la pantalla de mi portátil—. Seguro que se ha comido nuestro queso, los gnomos que viven en Fred cuidan muy bien del pasto que comen nuestras cabras —le dice a continuación a Helga, quien está a su lado ocupando casi todo el encuadre de la webcam.
—Supongo que serán los mismos gnomos que hipnotizan a las cabras para que hagan cosas en contra de su voluntad, ¿verdad? —le pregunta Helga, girándose un tornillo imaginario en la sien.
—No empecemos, ya te he dicho muchas veces que no es normal que se te escapen por la noche y vuelvan por la mañana con el pelo revuelto. Una cabra necesita sus horas de sueño —le contesta Brita.
—Me alegra ver que no habéis cambiado nada —les digo divertida.
—¿Por qué íbamos a hacerlo? Así estamos muy bien —me responde Brita.
Yo estoy bien. Pero tú estás fatal, te vi hace unos días detrás de tu casa, hablando con una piedra cubierta de moho —le dice Helga.
—Era un trol —le responde Brita con mucha convicción.
Helga mira directamente la pantalla de su ordenador. Pero mirándome a mí, como si me tuviera justamente enfrente y no nos separaran miles de kilómetros, y al cabo de unos segundos me dice:
—Era una piedra.
—¡Era un trol! Todo el mundo sabe que en Noruega hay a montones, no sé por qué te empeñas en acabar con nuestra cultura —le recrimina Brita.
—¿Podrías decirme… quién es exactamente todo el mundo? —le pregunta Helga, mirándola de reojo.
—¡Cómo voy a poder decírtelo exactamente! ¿Crees que puedo acordarme de los nombres de todos los habitantes de Escandinavia? Algunos viven en lugares recónditos, para el resto de la humanidad no existen —dice Brita.
—Ya… Como los gnomos y los troles —murmura Helga.
—E-ra-un-trol —le dice Helga amenazante.
—Bueno, ¿y qué os contáis? ¿Cómo va todo por Fred? —les pregunto sonriente.
—Uh… Te estás perdiendo cosas muy divertidas —me dice Brita excitada.
—¿Te refieres a lo de la señora Petersen? —le pregunta Helga.
—A eso mismo, sí —le responde Brita.
—Te estás perdiendo cosas muy divertidas —me dice Helga.
—¡Pues eso acabo de decir! —exclama Brita—. La señora Petersen se ha comprado una moto —me susurra después, como si alguien indeseado pudiera oírla.
—¿De verdad? Pero, ¿cuántos años tiene? ¿No es la misma señora Petersen que se cayó al fiordo el año que Fred ganó, pero que no ganó, el concurso de bollos de canela? —le pregunto impresionada.
—Ganamos —dice Brita, asintiendo con la cabeza.
Helga la mira agobiada, pero se lo piensa mejor y no le rebate lo del concurso. Me imagino que para no reanudar una discusión con ella que lleva vigente desde 1955.
—Ahí está la gracia. La señora Petersen tiene noventa años —me dice Helga, aguantándose la risa.
—Sí. Es una guasa verla moto para arriba, moto para abajo por las calles de Fred. Con su pelo blanco y encrespado al viento. Ah, y unas gafas de cuero atadas a la nuca. Parece la mosca de la tele —me explica Brita riendo.
—El otro día bajó la cuesta de Fred con la moto a topo trapo. Y al llegar al puerto no frenó. Aceleró y se metió en el ferry gritando: “¡La crema Neutrogena no es noruega!”. Lo atravesó y cayó al agua al llegar a la otra punta. Menos mal que la moto no cayó detrás de ella, topó con la barandilla y quedó boca arriba, con las ruedas dando vueltas —me cuenta Helga divertida.
—Sí. Eso es lo que la hizo caer al agua sin la moto, la ley de Newton —me dice Brita.
—¿De verdad? ¿Y qué le pasó? ¿Está bien? —les pregunto preocupada, pero bastante confundida por lo de la ley de Newton. Debe ser otro Newton. Asbjørn Newton, o algo así.
—¡Sí! —me responde Brita partiéndose de risa—. Está mejor que nunca, cuando se tiraron a por ella nadó hasta la orilla como un delfín. No la pudieron alcanzar. Dice que quiere vivir sus últimos años peligrosamente.
—También se ha empeñado en cazar a un pájaro negro y gordo que ronda por aquí. Dice que le ha robado unas bragas del tendedero —me cuenta Helga.
—Eso es mentira. Los pájaros no roban cosas, habrá sido un gnomo —le dice Brita.
—¡Sí! Sí que roban cosas —digo enseguida.
Seguro que es el mismo. ¡Seguro que es él! El sustractor de gorros de lana…
—No digas tonterías. Los pájaros no van por ahí robando bragas —le dice Brita a Helga.
—Ah. Pero los gnomos sí, ¿no…? —le responde Helga con retintín.
Brita asiente muy seria y le dice:
—Todo lo que pillan. Se aprovisionan para el invierno.
—¿Y para qué iban a querer unas bragas? ¿Para hacerse una hamaca? La señora Petersen las lleva de cuello alto —le dice Helga.
—Te crees muy lista, ¿verdad? ¿Tú qué sabes qué bragas lleva la señora Petersen? ¿Acaso habéis hecho de vientre juntas en el campo? —le suelta Brita.
—¡Cómo voy a hacer de vientre con la señora Petersen! ¿Qué te piensas, que no puedo cagar sola? —le responde Helga.
—¿Lo ves? —le dice Brita—. No lo puedes saber.
—A lo que íbamos. ¿Cómo era ese pájaro? —les pregunto, impaciente por saber si se trata del mismo.
—No lo sé, el pájaro no existe. Las bragas se las tragaría la lavadora —me dice Brita.
—Las lavadoras no se tragan las bragas —le rebate Helga.
—Pues entonces debe haber sido el trol con el que hablé el otro día —le dice Brita.
—¡Quieres parar ya! ¡No te inventes más historias sobre seres mitológicos! ¡No hace falta! Aquí tenemos muchas cosas buenas y reales, no necesitas hacerles creer a los extranjeros que estamos todos locos —le riñe Helga.
—¿Quién está loco aquí? —le increpa Brita.
—¡Paz, qué alegría! ¡No sabía que habías venido! —me dice Fredrik, asomando la cabeza entre Brita y Helga.
—Papá, no compliques más las cosas… —le susurra Brita.
Mientras charlo animadamente con Fredrik, Brita y Helga siguen discutiendo. Me ha parecido oír algo sobre Odín, un dios vikingo, pero no lo podría jurar. Sigo intrigada por el pájaro sustractor, y entre una cosa y la otra no me entero de nada.
—¿Alguien más ha visto a ese pájaro? —les pregunto.
—No. Pero eso no quiere decir que no exista —me dice Helga.
—Me estás dando la razón. Yo también veo cosas que tú no ves, y eso no quiere decir que no estén ahí —le suelta Brita.
—Eso es diferente. Yo no puedo ver las cosas que tú dices que ves, porque no existen —le responde Helga.
Y, entonces, vuelven a discutir sobre el trol, los gnomos y toda la mitología escandinava. Cuando cortamos la videoconferencia sigo sin obtener información que me permita identificar al pájaro, y me quedo sin saber qué pudo hacer con mi gorro. Supongo que tendrá que ser en otra ocasión…

© Rosario Vila, 2017.

Brita y Helga son personajes de ‘Patas arriba’. Si quieres conocer más sobre ellas, entra AQUÍ.

 

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2 Comments

  1. Me he reído mucho con esta conversación. Estoy en la oficina y menos mal que tengo un despacho para mí sola. Gracias por este pequeño guiño a los lectores de tu novela.
    A ver si me animo a leer alguna de tus otras novelas.
    Un abrazo

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